dimarts, 15 de març de 2011

Entrevista a Horacio Capel

1. Urbanismo y antiurbanismo en la ciudad contemporánea Equipo bifurcaciones (eb): En la planificación urbana actual ha ido adquiriendo cada vez mayor protagonismo una herramienta que quizás se ha utilizado desde siempre, pero que hoy posee una racionalidad y una fuerza nuevas: hablamos del marketing urbano, utilizado para atraer personas y recursos, y para promocionar y vender las ciudades. Nos gustaría saber cuál es su opinión sobre este fenómeno, uno de cuyos casos paradigmáticos es precisamente Barcelona.

Horacio Capel (HC): Creo que todo está bien si se hace bien. El que haya gobiernos que quieran promocionar su ciudad y hacerla visible a escala mundial, no me parece mal, pero todo depende de cómo se haga. En Barcelona, efectivamente creo que se logró un éxito en este sentido; la manera en que Barcelona se ha situado en el contexto mundial, la imagen que hoy se tiene de ella, tienen que ver con decisiones que fueron acertadas: la gestión de los juegos olímpicos, la gestión de problemas urbanos que se inicia en los años ochenta, el trabajo realizado por un gobierno socialista con apoyo comunista durante varios años, son cosas muy positivas.

Pero también hay otras cosas que se pueden criticar: yo mismo he publicado un libro ahora, El modelo de Barcelona. Un examen crítico 1, donde cuestiono algunos aspectos de ese modelo. Por ejemplo, creo que hay que hacer el urbanismo de manera diferente, no tanto desde los técnicos y urbanistas, sino con mucha más participación de la población, de los ciudadanos. Hay que tener más capacidad de diálogo. Creo que la obsesión de la modernidad no debe llevar a destruir las señas de identidad, como pasó por ejemplo con el Pueblo Nuevo en Barcelona, donde la obsesión por crear un área nueva productiva en las nuevas tecnologías ha llevado a arrasar un tejido industrial que tenía interés. El empecinarse en que los técnicos –arquitectos e ingenieros- y políticos siempre tienen la razón me parece negativo, lo que debe llevarnos a pensar en nuevas formas de hacer el urbanismo.

Marcha
Inmigrantes
Barcelona Marcha. Fuente.
500.000 personas se dan cita el 16 de marzo en Barcelona para marchar contra la globalización
Inmigrantes en la ciudad multicultural

e.b. Esto es interesante, porque uno de los elementos que más destacan los promotores de este “nuevo urbanismo” es que ellos han dejado atrás la arrogancia de los viejos planificadores urbanos, que con un plumón sobre el papel dibujaban y organizaban las ciudades como si fueran semidioses. ¿No constituye este voluntarismo y ausencia de participación que Ud. señala el mismo pecado de la planificación racionalista?

H.C. Efectivamente: durante los años ochenta hubo un debate contra el planeamiento, contra el plan, y se postulaba que la idea que los planes generales de renovación urbana, tan ambiciosos, no tenían sentido, y que había que poner énfasis en los hechos concretos y en la gestión. Pero eso también se cuestiona hoy: ¿cómo vamos a gestionar parcelas concretas de la ciudad, si no sabemos hacia dónde queremos ir?

El tema de la participación, por otra parte, es muy hablado, pero no se traduce en participación efectiva; por el contrario, hay mucha desconfianza frente a los movimientos vecinales. En España, por ejemplo, fue la presión vecinal la que permitió que muchas ciudades se modificaran, pero cuando llegaron las elecciones políticas se dijo que ya no había que negociar con asociaciones que no eran tan representativas como los políticos electos. Hay políticos y técnicos que se niegan a escuchar una crítica, lo que es asombroso. Todo eso puede llevar a actitudes arrogantes por parte del poder, y yo creo que los ciudadanos debemos enfrentarnos. Los gobiernos tienen que gobernar, porque para eso han sido elegidos, pero deben también negociar, deben escuchar reclamaciones que muchas veces son sensatas.

Por ejemplo, en el Pueblo Nuevo están empecinados en destruir un tejido industrial del siglo XIX, que tiene un interés arquitectónico muy grande, e industrias que están todavía actuando, y pequeños talleres. No puede ser que se haga una ciudad igual a todas las norteamericanas, y que se destruya un tejido importante de la identidad.



PER CONTINUAR LLEGINT:   http://www.bifurcaciones.cl/003/Capel.htm

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